lunes, 24 de abril de 2017

Anciano lleva 30 años aislado en celda familiar

Santiago.-Una celda construida en la misma sala de una casa, ha servido por treinta años para mantener aislado a un hombre que presenta trastornos mentales.

Entre las precariedades por las condiciones de pobreza, José Antonio Mirabal de 68 años de edad, pasa sus días en la vivienda marcada con el número 25  ubicada en la calle diez del sector Gurabo al norte de Santiago.

“Esta decisión la tomaron mis padres, debido a que hace más de treinta años mi hermano salía mucho a la calle y la policía lo maltrataba y yo decidí junto a mi esposo mantenerlo en las mismas circunstancias para que no escape y le pueda suceder algo malo”, narra al El Caribe María Disla Mirabal.


La familia decidió construir dentro de la casa una habitación rodeada con una verja de hierro con una dimensión de siete pies de largo por seis de ancho, donde pasa los días y las noches.

En la celda construyeron un inodoro para que José Antonio Mirabal pueda hacer sus necesidades.

En una ocasión, Mirabal fue llevado a un centro de salud, pero al parecer las dificultades para brindarle la atención y el cuidado necesario, obligaron a que la familia volviera a trasladarlo a su hogar.

La anciana María Disla Mirabal de 71 años de edad, habita la casa junto a su esposo Lucas Minaya de 82, un ex instructor militar, que lleva años reclamando una pensión para poder vivir con decencia y que sobrevive por la caridad de sus vecinos.

“Ellos me dicen que solo me faltan 400 puntos para poder optar por una pensión, pero pueden ver cómo vivimos nosotros, necesitados de todo y aún a mi edad tengo que andar chiripeando”, apunta Lucas Minaya.

Las condiciones de miseria en que mal vive la familia Mirabal obligan a instalar un anafe de carbón en la sala que sirve como cocina.

Una libra de arroz que le regalaron sus vecinos era la comida con que contaban para el domingo.
Tanto los familiares de José Antonio Mirabal como sus vecinos esperan por una ayuda tanto del ministerio de Salud Pública como del gobierno central para solventar la pesada carga económica.

Mirabal apenas puede tararear algunas canciones que en ocasiones puede recordar.

En la calle diez, se tejen varias historias sobre las supuestas intenciones que obligaron a los padres a encerrar a su hijo.


Sin embargo, en las que casi todos coinciden, era las constantes travesuras y andanzas que obligaban a fugarse por varios días de la casa y los maltratos que recibía de otras personas, incluyendo agentes policiales. Para ayudar con la pesada carga, muchos vecinos ayudan llevando raciones alimenticias o dando dinero para medicamentos.

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