lunes, 26 de marzo de 2018

La Difteria llega a República Dominicana procedente desde Haiti

Temerosos de que pueda surgir un brote de difteria, los pobladores del barrio El Chucho, de Los Alcarrizos, demandaron del Ministerio de Salud Pública una intervención agresiva en su comunidad, donde murió un niño haitiano afectado por la enfermedad.
En este barrio hay una población creciente de haitianos que viaja frecuentemente a su país, por lo que los lugareños temen que otro miembro de una de las familias extranjeras pueda traer el virus y contagiarlos.
Ayer el Ministerio de Salud realizó un operativo de vacunación contra la difteria a los habitantes de El Chucho, un sector conformado por viviendas humildes y calles en las que solo cabe un vehículo.
La señora Sheyla Filguera, de 29 años de edad, contó que su hijo Wender Vicente llegó al país el pasado miércoles y se veía bien de salud.

“El comió bien ese día y el jueves en la mañana, pero en la noche presentó fiebre y yo le di acetaminofén y se le bajó”, informó.
Dijo que luego de ese momento vivió una odisea, pero que su vástago murió tan rápido que no dio tiempo a nada.
“Él es un niño intenso, pero me extrañó porque el viernes se levantó muy quieto y le pregunté qué se sentía y me dijo que nada, entonces en la tarde empezó a toser.
Para mí se trataba de gripe”, agregó.
Relató que lo llevó a un centro de atención primaria, donde le hicieron dos análisis que le entregaron el viernes en la mañana, pero los médicos le dijeron que tenía que llevarlos rápido al hospital Doctor Calventi, donde lo ingresaron en cuidados intensivos porque tenía las vías respiratorias hinchadas, no podía hablar, ya no podía respirar ni entubado, y murió ayer.
Sheyla tiene diez años habitando en el país y aquí ha tenido cuatro hijos, de los cuales tres se los envió a su madre a Haití. Wender Vicente vino a pasarse las vacaciones de Semana Santa y, según expresó la madre, se lo trajeron hasta la frontera donde su padre fue a buscarlo, lo cual hacen con normalidad.
El 21 de abril cumplía sus cuatro años de edad y en sus momentos más críticos, los médicos sólo le decían que él estaba en manos de Dios.
El cuerpo del niño fue enviado al Instituto Nacional de Ciencias Forenses (Inacif) para hacerle los estudios de lugar.
“Ellos dijeron que no me lo podían dar. Que solo puedo recogerlo allá y llevarlo al cementerio, porque tiene una enfermedad muy contagiosa y no quieren que se nos pegue”, manifestó.
“Él era un niño interesante.

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